Ella sube
peldaño a peldaño los cuatro escalones hasta llegar al escenario, desenfunda su
arma, su guitarra junto con su voz dulce, suave pero potente, haciendo que la
mires fijamente, no pestañeas, la miras constantemente, observas como desliza
sus dedos en el cambio de acordes, el sol la ciega pero sonríe, seguramente no
vea 3 metros más allá de si misma pero eso a ella no la importa, sigue firme,
sin desentonar, notas que te hacen caer rendido a la inspiración propia,
inspiración tomada por cada uno a su manera, líneas que fluyen recordando,
viviendo de nuevo, motivos alegres para seguir creyendo, para seguir
escribiendo.