Rosas rojas en el jardin de enfrente,
olor que entra por mi ventana
pétalos que cubren mi entrada
llaman a la puerta cada mañana.
Yo abro antes de que se vayan
a otra puerta más vieja y alejada,
no hay nada salvo una espina clavada
sangro al cogerla de rabia,
segundos solamente han esperado
un adios me han dejado.